Entreacto de Ofelia



Enhebro entre los dedos agujitas
de romero todo el tiempo,
pero sólo puedo recordar letras
de rondas, canciones para cantar
en días de fiesta y cuando la piel
tiene el perfume de estas flores
azules, sigo sin recordar nada.

¿Habría sido como cuando encuentra,
al fin, el río su cauce, dejando
atrás el puente y los sauzales,
o nada más que un golpe seco
contra el cuerpo tenso?

Nadie me pregunta,
no me habla nadie
porque mis palabras
no dicen nada.

Aunque si me acordara,
si alguna flor azul pudiera
recobrarte, quizás repetirían
que estás loco, y que nadie
encuentra su camino
mirándose en los ojos de alguien más.

(c) María Calviño


[Página suelta del diario
de Raquel]


“Y ya que te ibas, porque tenías deseo de
la casa de tu padre, ¿porqué
me hurtaste mis dioses?”
Gén.31;30.


¿Acaso también mi hermana
creía en ellos (en los dioses
de mi padre), y ahora piensa
como él que en dos veces siete años
no hubo tiempo suficiente
para dudar de todo?

Si no se parecen a los hombres,
ni tienen los ojos abiertos,
y hasta podrían ser vaciados
de bronce de poco valor.

Yo no soy torpe con las manos,
los envolví en lienzos limpios
y viajaron conmigo entre las piernas.
Andar por aquel desierto al paso
no fue ninguna pesadilla,
ni por las noches más heladas.

Y hubiera creído en ellos yo también
si no nos hubieras seguido, padre;
empecinado en desconfiar
de lo invisible,

aunque por fin nos separase

el mundo entero.

(c) María Calviño

de "Lírica en Trámite"

 

Salarium

 

Ni tu sombra te duplica,

resuena metálica

tu soledad. Aquí,

esperando en la caja

del supermercado, pagando

los impuestos, o en cualquier

otra parte.

 

Mala combinación

de planos y puntos a mediodía,

sería un chasco también

la calle por la que vas

de no tener estas suaves acacias

 

Como si las agujas

de algún reloj se hubieran vuelto locas

y ya no se pudiera saber

si son las tres las seis las diez

desvarían las acacias

 

Mínimas órbitas de luz

“La sal seca lo verde”, eso

parecen decir.

 

(c) María Calviño

 

de "Lírica en Trámite"

 

 

Final de Lluvia

 

 

La única cuerda rota de la lira

muda…el agua la estira

y canta, y la suelta

y canta…

 

(c) María Calviño

 

Lírica en trámite

 

Igual que las escalas del Hannon
cuando suben y bajan
desde la misma nota siempre
olvidadas o aburridas, los chicos suelen jugar
a ir y volver corriendo de la sombra.
Los últimos minutos de la noche de año viejo
trajeron racimos recién lavados
para ir desgranándolos uva por uva o mes
por mes, pero algún ruido en la calle
y luces de bengala destellaban afuera,
así que un racimo apenas duró hasta abril
y quedaron en un plato
las cuentas de pulpa sueltas.

Así también la que yo era entonces
tenía la intención de hablarte; contar los días
después de los racimos.
Pero cada paso dado hasta vos
se agazapaba cerrándole
los labios; deshizo
tu abrazo sin darse cuenta
para salir a la vereda rota de la noche,
anduvo por ahí como quien pisa
un techo desclavado y oscuro.

 

 

(c) María Calviño

 

 

 

 



MARIA CALVIÑO

 

María Calviño nació en Córdoba, en 1961. Sus libros de poesía son: Círculo de sombra (1993); Temporada de casa y otros poemas (1998); Lírica en trámite (2008), Fin de semana largo (2011) e Intereses creados (inédito). Ha traducido ensayos y poemas de autores de lengua inglesa de los siglos XIX y XX. Ha sido autora invitada de la University of Westminster (RU), e integrado tribunales en prestigiosos certámenes literarios de nuestro país. Es docente por concurso de la cátedra de literatura de habla inglesa de la UNC (FFyH), y de la cátedra de literatura europea del IFDC de Villa Mercedes (San Luis).