La frontera

 

Como un sueño

recordado al ras del alba  ,

donde hemos estado viendo el mar:

un remoto paisaje

de acantilados,

el agua de las rompientes

cayendo sobre los automóviles,

en una ruta de paso de frontera

así,

de ese modo,

hasta ella llegaban

las palabras perdidas

de una conversación lejana

y ahora irrepetible.

En esa textura del oleaje,

como si fueran 10 mismo el sueño, el mar,

una vieja conversación

sobre amoríos

devastados por la inutilidad y el tiempo,

con un fondo de ruidos

de mar

de carreteras.

En esa levedad,

entre los materiales

apenas legibles de los sueños

alguien cruza de nuevo la frontera

vuelve a oír el agua

en las rompientes.

 

 

 

 

 

 

 

Tatuajes

 

 

Llevaba esa ciudad como una herida,

pero también como un reverbero,

puentes dormidos sobre un rio sin fin,

frias diademas.

Llevaba tatuada esa ciudad,

ingrávida en la piedra deMagritte,

si derruida,

restaurada en su fe.

Adonde quiera que fuese

llevaría

ese fulgor,

los íntimos trazados,

los tejados oscuros

penetrando la noche

 

 

 

AUTOMÓVILES

                            a Julia Mántica

Guardo la fotografía
en que mi abuela
conduce un Buick sedan
 y lleva a su madre en el asiento trasero.
A menudo pienso
que quise hacer lo mismo:
conducir un automóvil
y llevar a mi madre a donde ella quisiera,
quizás hacia la escena lejana en que la abuela
condujo el viejo Buick.
Mi madre
nunca tuvo automóvil ni manejó ninguno,
mi abuela fue algo serio:
condujo como en sueños,
lo que no existió nunca.

 

BARCOS EN LA NOCHE
                                      
A Antonio Di Benedetto

No puedo ver
los barcos en la noche,
es un llamado salvaje,
un alarido,
verlos levitar
sobre lo oscuro.
No hay cielo, ni agua,
ni sostén,
sólo el olor del río,
las luces que avanzan
mientras llaman
¿Oyes, Zama?
¿quién vendrá por ti?
¿quién vendrá  por mí?      

 

 

 

Cañadón de los muertos

 

             (Santa Cruz, 1921)

 

 

Los muertos cavan al amanecer

tumbas de lava,

cava la pala

al ras del suelo

la costra helada,

más tarde, el viento descubrirá los cuerpos apenas recubiertos

para que los viajeros se santigüen

al pasar,

porque son jóvenes

y no quieren morir,

porque están muertos

y no quieren cavar,

porque no hay,

ni habrá

tierra

más dura de labrar

que este suelo

 

 

 

 

 

El tanque australiano

 

 

Sobre el agua flotan hojas de eucalipto

y, a lo lejos, la casa iluminada

recorre las sutiles arterias

del follaje,

al tras luz,

árbol por árbol.

No recuerdas, vigilas,

acechas los fragmentos,

los rápidos registros de la noche

en la que al final todos nos perdimos.

El fin de otro verano,

regresan tras su paso,

las voces, los abrazos,

en el relumbre

del acontecer.

Oh, cuántas veces se ha dispersado

un centro hacia los cuatro vientos,

hacia las direcciones contrarias del albur.

Nada puede reunir lo que el viento ha cardado,

ni siquiera el rumor,

ni el balanceo

de los cuerpos

que rompen en la noche

la tersura helada

del agua

en el estanque

 

 

 

UN  TAXI  A  BUCAREST

Por aquel tiempo
solía sentir cuando subía a un taxi
que entraba en una zona secreta.
Las calles se enrarecían,
olvidaba de pronto mi destino,
había una extraña iluminación de set,
iba hacia la peripecia,
desde la periferia al centro de un revelación,
cuando la luz enceguecía
el taxi entraba a Bucarest. 

 

 

 

LA MUJER MÁS VIEJA DEL MUNDO

La mujer más vieja del mundo,
la negra
nacida esclava,
que padeció castigos,
vejaciones,
el tormento del cepo,
pide cumplir
un último,
un íntimo deseo,
emblema de su alma:
ver el mar.
Y allá va
seguida
de un alegre  cortejo
de hombres jóvenes
que se mueven
como en una película muda
en blanco y negro.
La esclava, ahora vieja liberta,
la negra
mínima, agudísima, encorvada,
la mujer más vieja del mundo
llega al mar
y lo oye,
y lo aspira
y sumerge sus negros pies en esa espuma
y ella,
que es en ese instante el universo,
dice:
hasta aquí he llegado.

 (C) CELIA FONTAN

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 (c) CELIA FONTAN. Los poemas publicados pertenecen al libro "Un Taxi a Bucarest"

 

 

 

 

 

 

 

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CELIA FONTAN

Nació en Rosario, Argentina, Coordina Talleres de Escritura en la “ Casa de la Poesía” ( Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario). Formó parte, desde sus inicios en 1993 y hasta 1998 de la Comisión Organizadora del Festival Internacional de Poesía de Rosario. Colabora en diarios y revistas literarias del país y del exterior.

Ha publicado:
- Ha crecido el césped (1974)
- Los árboles rebeldes (1975)
- De cruces y señales (1976)
- Hijas del mar, Premio Edición de la Fundación ARCIEN (Santa Fe,1981)
- Los habitantes de Valdrada, Premio Municipal “Manuel Musto” (Rosario, 1989)
- Restos del navío (1995).

-Un taxi a Bucarest (2007) Ediciones Juglaría