GABRIELA DELGADO

 

(c) foto Henry Cartier Bresson

 

 

Sólo para habitarla

 

Se plantó frente al no ser.

  Descalza, desnuda.

No hay pasado que llevarse.

Sólo aquello que quepa

en la caja de sus huesos:

           hambre

                   sombra

y un atadito de palabras.

Seguirá el rumbo de la golondrina.

Peregrinar de piedras,

manos de desierto

forzando el camino.

 

Atrás queda su historia

diluida en la distancia.

Por capas va cambiando su piel,

lleva el puño apretado.

Un instinto de animal que huele a agua

la alimenta.

Luna de hielo, centinela

en cada madrugada.

La arena del paisaje

comienza a espesarse

hasta convertirse en barro.

La pincelan los primeros verdes

de esperanza trenzada.

Un hilo de agua se hace rio.

Ella se clava en seco,

abre lentamente su puño,

cara al sol,

para dejar caer la semilla.

Allí se vestirá árbol, viento, bandera

y tallará cada una de esas voces

que llevó en sus entrañas.

Rebautizará la vida

                sólo para habitarla.

 

 

Invocación

 

Vacío el cuenco de estrellas

sobre la tierra.

Apago los ojos.

Guardo el silencio

en la cavidad de mis manos

para dar lugar al rito.

Amparada en la noche

desdibujo los gestos

de cara al viento.

Aguardo tu llegada.

Amenaza tu furia, hecha fuego

y todo huye de espaldas a tu grito.

Sin más historias que este momento,

las cuatro líneas que dibujan mi cuerpo

se entregan a tu llanto.

Sin miedo.

Una vez más

has hecho germinar mi vientre.

 

 

 

 

Muriendo la vida…*

 

Aquellos que van perdiendo

en cada esquina gestos

sin entender por qué la vida

los escupió al infierno de la calle.

Sin hablar el idioma de la sonrisa

o el ademán de buscar algo en el bolsillo.

Aquellos casi transparentes,

        casi sucios,

                casi hambrientos,

no tienen voz para soñar a conciencia.

Un eco de silencio late en sus bocas.

Una mirada espejo

prueba la comida al otro lado de una vidriera.

Sólo pan duro y basura.

Bien conocen de olores que lastiman,

de fríos que cortan la ropa gastada,

del sórdido calor de los respiraderos del subte.

Sus vidas caben en un carrito,

sus almas, duendes de la noche,

van descalzas.

 

 

* del texto “Los naides” de Eduardo Galeano

 

 

 

Réquiem

 

Se habrán tejido los años de recuerdos.

El relicario ya no será amuleto contra el tiempo.

Por asalto, el sepia tomará el arco iris.

Encallarán los ojos en arrecifes de olvido.

La desmemoria irá comiendo los días

y una gris quietud coserá horizontes.

Mozart avanzará lento en su Réquiem

mientras inútilmente

intenta quitarle arrugas a la vida.

Su perfil se volverá confuso

y la piel no detendrá los suspiros.

 

Habrán de hallarla como siempre.

Un poema en la mano,

la otra, vacía.

 

 

 

Nosotras

 

Las Hembras ponemos la palabra y el cuerpo,

el coraje, la paciencia, la caricia, el pan, las manos

y no hacemos del amor un juego.

Nos reconstruimos cada día, aún desde las ruinas.

Desangradas, cicatrizamos en jazmines.

Las Hembras sabemos de cobardes retiradas.

Las hemos visto muchas veces en miradas esquivas,

en silencios agazapados, en estocadas gratuitas.

Las Hembras caminamos de frente, embestimos la vida.

A veces, la magia hecha esquirla nos hiere de muerte.

Es allí donde todo lo que sentimos

no vuelve a traspasar la piel ni la frontera.

(No siempre creer vale la pena).

 

Las Hembras ponemos la palabra y el corazón,

aunque no se vea.

Y sin explicarnos por qué, o por dónde,

siempre llegamos.

Siempre.

 

 


 

La puerta

 

Verá cruzar bajo el dintel

al último huésped de su vida.

Póstuma puntada

en un bordado de soledad y recuerdos.

La casa se llenará de ecos y nombres

que alejará con el gesto encallecido de sus manos.

Zumban estrellas en la mitad de la tarde.

Desde la profundidad de sus ojos

cubrirá con polvo de olvido los viejos retratos.

Se irá despidiendo cada día.

Vestirá uniforme de horas.

 

No corre tras la memoria.

Su piel carga por costumbre

a aquellos que más quiso.

Cada tanto se inquieta:

¿Quién le pondrá llave

cuando detrás de los cristales

su cuerpo se vuelva insostenible?

Estos poemas pertenecen al libro "La Vida es Otra Cosa"- El Mono Armado Ediciones

 

 

 

 


Gabriela Delgado


Gabriela Delgado:

Poeta nacida en la ciudad de Buenos Aires (Argentina) en 1958.

Editó:

Plaquetas:          

· Collage interior

·    /  Azul eclipse

·       Milagros y melancolías

·       Treguas cotidianas

·       Ventana al olvido

·       Entre nosotros

 

Libro de foto-poemas:  Perfiles del alma

 

Poemarios:         

·       Agualuna (2002)

·       Destinatario (2005)

·       La vida es otra cosa (2008)

 

En coautoría:       

·       Pasajeros del penúltimo tren (2007)

·       Ronda de Pretextos (2007)  

 

Integra varias Antologías en Argentina y España

 

Fundadora del Grupo de Poesía “Pretextos”

Codirigió el Café Literario “Buenos Aires Poesía” (desde 2006 hasta mayo de 2012)

Codirigió el Encuentro Latinoamericano de Poesía “Reunión de Voces” (desde 2006 hasta 2012)

Editora de la revista virtual de Poesía “Reunión de Voces”

Coordina y codirige eventos literarios en el Salón Dorado del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y en el "Programa Cultural en los Barrios”

Integra el Staff como co-productora y co-conductora del programa radial “Las 5 en tango de la tarde” en la Radio de la Ciudad de Buenos Aires con una propuesta de abordar el tango desde la poesía.

 

Entre otros premios recibió:

 

2001-2º premio de poesía Aniversario de la Uni- Universidad de Luján

2002- 1º premio de Poesía “Argentina y sus escritores” (Buenos Aires)

2004-1º premio de poesía  “Lenguaje de pluma y tinta” otorgado por el Centro de Escritores Nacionales (Córdoba)

2005-1º premio de poesía “Aenigma” Canarias-España

2005-1º premio “Rega Molina” (La Plata)

                                

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