Flavio Crescenzi y “Algunas palabras como ripio”, a modo de Introducción para ediciones corregidas y ampliadas en soporte papel y electrónico del poemario Ripio, de Rolando Revagliatti, en 2014.

 

 

Algunas palabras como ripio

                                                                El poeta cara a cara con la luna
                                                               fuma su margarita emocionante
                                                               bebe su dosis de palabras ajenas
                                                            vuela con sus pinceles de rocío
                                                           rasca su violincito pederasta

                                                                                              Roque Dalton

 

       Hace algunos años, tal vez muchos, seguramente demasiados, recibí la primera versión de Ripio. Ya en aquel entonces pude sentir una extrañeza al leer el material, extrañeza que se confirma, y se esclarece, en esta edición actualizada. La poética de Revagliatti trabaja sobre los intersticios del discurso lírico instaurado, quitándole todo "ripio" que suponga un obstáculo para su devenir casual y transformándose en "ripio" él mismo al seguir la tradición antipoética. Pero así como el poema se purga de malezas o se vuelve machete para las frondas venideras, también muestra una clara tarea de denuncia, denuncia al "Gran Ripio" que supone el universo perimido en su gran lastre. La farsa de las convenciones sociales, dentro de la que se encuentra, asimismo, la farsa del mundillo literario o cultural es un tema recurrente que sólo se resuelve mediante una continua, pero abierta reflexión. Ripio es una obra inacabada que tendrá el sino de perpetuarse en sus posibles modificaciones y agregados, ensanchando su lúdica aspereza cada vez que el autor lo considere necesario. Hay una variante en soporte digital que exhibe su voluntad de acumulación y era la que, hasta el momento, parecía ser definitiva. Pero llegaron nuevos “ripios”, otras denuncias renovadas para equilibrar la obra y el deseo.
       Me concentraré en el material, hasta ahora inédito, para proponer un vector de sentido a la obra. Nos encontramos con nuevos textos que hablan de poetas (el escritor es también la suma de escritores que conforman su parnaso personal) o del estado de la poesía en estos tiempos de anomia y banalización generalizada. Ronald D. Laing, Alejandra Pizarnik, asoman su fantasmagórica impronta para recordarnos su condición de eslabones pertenecientes a una cadena de cimientos y personalidades que, a su vez, aportan un sentido extra al que intentamos desglosar.
        En "Inquiriendo" vemos cómo el discurso se repliega hasta cerrarse en el libelo (nunca le faltó humor a este poeta, basta recordar su cualidad performativa que no dudaba en poner en práctica a la hora de leer en público, convirtiendo dicho acto en un sello identificatorio):

                      

                       

                       El muslo ése
                        allí de una rubia
                        impuesta por el director de la revista
                        ¿lo incita como a mí
                        lo compele al intento aprehensivo
                        de trasladar a la desnuda
                        con muslo y rubiedad
                        a otro poema?

 
    
¿Sirve la poesía en el tercer milenio? Se pregunta Revagliatti y nos responde con una resignación que se aventura a conjeturar lo que ya todos, de una u otra forma, hemos sospechado. Pero no conforme con eso, nos da un paródico decálogo del buen poeta que hubiera hecho que el propio Kipling se dedicara, de lleno, a esos otros trabajos más útiles para el imperio que representaba y defendía.
     La reflexión llega a su paroxismo cuando reconoce que un buen poema es ese imposible que hace que la poesía avance pese a sus múltiples pastiches:

                      El buen poema
                       no es bueno:

                       te asoma
                       al abismo

                       El buen poema
                       -sabemos-
                       no te da
                       del todo
                       lo que él tiene:

                       se reserva. 

           
El lúdico entramado de Ripio es, como dijimos más arriba, una apuesta, apuesta a retomar el estado azaroso del poema ante una realidad que parecería, incluso, negarle su legítima existencia; apuesta también a la memoria. Revagliatti nos advierte de una consustancial debacle espiritual en los límites mismos del lenguaje, del desmoronamiento de todo un ideario que, pese a tamaña coyuntura, sobrevive como puede.
         Luego de haber leído aquella remota primera edición, el encuentro con estos nuevos trabajos me hicieron pensar en algo que cada tanto me vuelve a la cabeza: uno abandona una obra parcialmente, siempre se la retomará, aunque sea, en otra distinta en apariencia.  

Flavio Crescenzi

Buenos Aires, noviembre 2009

 

 

 

 

 

 

 

Martes 27/8/1996

 

 

Lo dijo la radio: Efemérides:

 

Hoy hace treinta años

en Buenos Aires Nicolás Olivari

el autor

dijo la radio

 

dio una patada final

recta a la ambigüedad y a la pacatería

 

Murió

dijo la radio.

 

 

 

Que

 

 

¿Escribo que

                interrogando

o depositando al vocablo como un huevito?

 

Frente o fuente de guiños:

un pie en la guerra.

 

 

 

Moriré

 

 

De ripio moriré:

bien lo sé

 

Mortificado en el subjuntivo izquierdo

y por los triptongos de una rosa.

 

 

 

 

Escritor, el de los escritos, dice

 

 

Vean cómo me explayo vean

cómo me equivoco

propago erratas y chochez

 

Preceptor, el de los preceptos, dice:

Introductor, el de los introductos, dice:

 

El título es de la avanzada

alucinógena

a veces

 

El título avanza

aun petrificado

 

Comuniones insistentes:

insistencias

procurándose en comunión

 

Los Testigos de Cervantes:

pedido de palabras

rendimiento de palabras

 

El escritor no viene solo

(lector apuntado por un arma de juego)

 

Los libros nos miran:

“La Fábula Papal”

“Dilemama”

“De Cómo Voy a Degollar a mis Hermanos Contra mis Convicciones y la Ley”

 

El final me halla buscándolo:

careo, caca y cacareo

 

He visto así

he leído.

 

 

 

Recobra

 

 

La página recobra

unanimidad en el asco

recobra

un invento divino:

la anguila lánguida

 

Alquila bordes a los satélites

recobra entrañas:

¿néctar o fuga?

 

 

 

Ante

 

 

Bien soñado

antediluviano

 

Bien venido

de los estragos del diluvio

 

Bien venido de diluvio

 

Bienvenido escritor

anteclásico.

 

 

 

Espectadores de “Hernani” de Victor Hugo

 

 

“¡Mueran las pelucas!”

 

Románticos silbidos desaprueban puñetazos

y proyectiles clasicistas en aquel debut

 

El cuerpo a cuerpo de los cuatrocientos románticos

empecinados contraponiéndose a la mediatización

de las armas de fuego empuñadas

y disparadas algunas desde lejos

por clasicistas, calvos y genoux

aun en las cuarenta y cuatro representaciones subsiguientes

 

Solo, emboscado en su palco, reticente

se regodea Chateaubriand

 

“¿Respondes de tus hombres?”

increpa Gerard de Nerval, el emisario del autor

 

Balzac y Lassailly, en el primer piso del teatro

 

En la platea, con todo su carisma

desde su levita roja de siempre, Théophile Gautier:

“Por el cráneo donde bebió Byron en la abadía de Newstead, respondo por ellos”

 

Berlioz, en el segundo piso.

 

 

 

Notas: Dios

 

 

¿Notas Dios?

¿En el aire, en el sueño

en la comida?

 

Dios da que hablar

 

Muy omni

cuando no quiebra

(fraudulenta)

 

Quita y da

sin melancolía

 

(¡Infames!:

no lava, Dios, dinero)

 

Dios

(que para eso está donde está

llegó a lo que llegó

y es lo que es)

te perdone

 

Dios no pasa de moda

(afinando la lapicera

ni Dios ni ¡oh, Dios!

pasan de moda)

 

Da que escribir

también

Dios.

 

 

 

 

Se infiltran

 

 

Se infiltran en las pesadillas de tus personajes

unos que embadurnan con plumas fascistas del Ku-Klux Klan

y sellan con sus orgías crucificantes

el colapso

 

Así como antes esos personajes

se infiltraron

en tus pesadillas.

 

 

 

Polvito de rapé para dos

 

 

Una vela para la noche en ella

reclamo con la mirada salvaje

 

¿Perder la mente entre vistosas mañas?

 

(Para un volumen en prosa con aires de lubricidad.)

 

 

 

A Felisberto Hernández

 

 

Muequitas en el pizarrón:

escríbanme o partan tizas

 

Inteligiendo en las costas

los restos de un pesar

antroposófico

 

Caí

de fallecimiento provocado por un signo de admiración

 

Anticipé:

ya venía con brizna la brisa:

Alicia en el País de las Sevillanas

es una artista asediada por su vello púbico

 

Advertirlo

sin ablandarse en la modestia

 

Da sobre las cosas el sol:

sobre Felisberto da como vemos

que ve cómo da

                   sobre las cosas.

 

 

 

Colorín colorado

 

 

¿Exponer la predestinación de las perdices?

¿Exaltar la índole del apetito?

¿Guiar un tur por el masticar, el deglutir?:

 

Perdices

           o chancho rengo.

 

 

 

La novela no vela, ¿no?

 

 

La no sobria novela dudosa no terminará de redactarse

y de aposentar en ella sus reales miserias el autor

quien no situará orondos huevos sobre mesa de altar

ni pelará lingam de glande absorto

(alardes motrices)

 

Ubérrimos y urentes: novelemos

espermatozoides en la hoguera

(no la contundente insignificancia es magnífica).

 

 

 

Jan Neruda de la Malá Strana

 

 

El señor Schlegl/una mujer (la misma mujer)/el señor Rysanek

(otra fue quien arruinó al pordiosero

otra féretro tras féretro la de corazón tierno y llorador)

 

Conversación nocturna sobre los tejados tentadores de la calle Ostruha

cruzada por el circunspectísimo médico-no médico designado misántropo

transitada por el magro Hastrman (“¡el mar! ¡el mar!”)

en la barriada del mesón “Las Tres Lilas”

(parroquianos suboficiales y cadetes en el saloncito)

tres enormes dogos feroces en la capilla de San Wenceslao

velando el prolijo orgullo del monaguillo narrador

revolucionario desprovisto de pólvora

 

Gorda María en el Día de los Muertos

(dos muertos, farristas, uno poeta, ambos pretendientes de la treintañera)

el epilogal treintañero estudiante de leyes (“¡qué hombre!”)

y los demás vecinos conspicuos convocados.

 

 

 

Preguntas de Anita

 

 

¿Importa saber qué edad he llegado a tener

y si soy risueña o resentida

hija adoptada por Karenin

(el marido de mi madre y padre de mi medio hermano)

hija del conde Vronski, e insisto

de aquella mujer tan bella que apenas conocí?

 

¿Heroína de la que precisamente habré heredado su belleza?

 

¿Escribí yo libros?

 

¿La perdoné?

 

 

 

A Ernest Hemingway

 

 

Langostas, grillos, truchas, salamandras como carnada

insectos, larvas y escarabajos para tu anzuelo

muchacho Nick Adams, inventor de arroyos

para quien era Michigan una fiesta del verano

 

Las armas

del viejo Hemingway y el mar.

 

 

 

Sopa lupina

 

 

A la marmita el lobo cochambroso

lupino el lobo

caldo la sopa

 

y los tres puerquitos:

buen provecho.

 

 

 

A zampar

 

 

La abuela de Caperucita no indigesta

henos invitados al opíparo banquete:

 

Platón

         trincha.

 

 

 

A Fernando Savater

 

 

Los políticos

a caballo de las naciones

 

La curiosidad

a canguro de la ciencia

 

Los ambiciosos

a tigre del comercio

 

El dogmatismo

a mastodonte de las iglesias

 

Los revolucionarios

a cóndor de las reivindicaciones

 

El goce estético

a unicornio de la dignidad.

 

 

 

Caligramas

 

 

Letra al límite de Teócrito

                                o chinos

talismanes (algunos)

lipogramas y extravagancias

tiernos repudios polilingües y hasta despampanantes anagramas

remotos bíblicos esotéricos

árabes o persas metafísicas caligrafiadas

laberintos benedictinos, abracadabra ornamental

dibujado

           Dionisio de Halicarnaso.

 

 

 

Filosofías

 

 

Chorro de soda generosa sobre asianistas, eudemonistas y maniqueístas

aguas mineralizadas sobre convencidos consagrados al pirronismo y al epicureismo

(fuera detractores de cualquier multinacional de las gaseosas)

yo los bautizo en el nombre

de las más afiladas filosofías decadentes.

 

 

 

Poema con cuarteto bien conocido de gigantes y un ácrata

 

 

 

Nace en la edad de la inocencia

de la naturaleza y la destruye

Darwin la inocencia de la naturaleza

 

Nace en la edad de la inocencia

del Estado y la destruye

Marx la inocencia del Estado

 

Nace en la edad de la inocencia

de la mente y la destruye

Freud la inocencia de la mente

 

Nace en la edad de la inocencia

del tiempo y del espacio y la destruye

Einstein la inocencia del tiempo y del espacio

 

Nace en la edad de la destrucción

de la inocencia Bakunin

 

y crea.

 

 

 

El riñón de la felicidad

 

 

“Como que no te anda el riñón afectivo”

espetó la esposa del poeta

al poeta

 

Añadió

(o creyó el poeta que su esposa añadía):

“demasiado aun de lo mejor

no por mejor es menos demasiado”.

 

 

 

¡Lo tengo!

 

 

¡Lo tengo!

             me dije

al poema

 

en secreto

 

Se me vino

              lo esperé

natural

 

sin cesárea

 

Lo tuve

          escribí

al poema

 

a voces.

 

 

 

Números me salen

 

 

Números me salen

de los que desconfío

 

y versos

           en los que confiaría

                                   no me salen

 

más que de otros.

 

 

 

Desde una carta dirigida a Antonin Artaud

 

 

Es en la vigilia de estos enamorados

Antígona y Marat

y en escenarios y papeles con membretes

de Café de la Regence y Café Riche

donde irrumpían ediciones de sesenta y cinco ejemplares

de “Le pese-nerfs” como granadas

al pie del láudano, la miseria y la inmortalidad

 

“Date por abofeteado

y te amo y te comprendo más que nunca”:

el poema de Génica Athanasiou

que sustraje de un borrador

que releo hoy despidiéndome del verano.

 

 

 

 

 

 

Modelando

 

 

Los motivos dictan poemas

los motivos hostigan poetas

perentoriedad corremos y corremos

alcanzamos a la perentoriedad

con motivos

 

Le insertamos un motivo al dictado

encarnamos la perentoriedad del motivo

es un trabajo encarnar la hostigación

trabajamos modelando la perentoriedad

 

El poema es poema y se queda parado

lo leemos

            y salta.

 

 

 

“La ventana es una naranja que se abre”

 

 

 

Me asomé a la naranja

a su

      liberada claridad

 

La ventana que se abre

me

abre a su secreto

 

El secreto del sol es la naranja

 

El sol muestra la naranja

 

A Apollinaire

el sol le muestra la naranja.

 

 

(C) ROLANDO REVAGLIATTI