Dos Poemas de Elizabeth Bishop

 

                                                                          

                       Traducción e introducción: Raúl Racedo

 

 

 

 

                                                              elizabeth bishop 

 

 

                                                                            

Elizabeth Bishop nació en Worcester, Massachussets, en 1911. Pasó parte de su infancia con quienes fueran parientes de su padre muerto y de su hospitalizada madre. Como Bishop señala con respecto a su infancia: “Mis parientes sentían pena por esa criatura a quien trataban de dar lo mejor. Y pienso que lo hicieron. Viví con los parientes de mis padres en Nova Scotia. También con otros en Worcester – Massachussets –, pero por un corto tiempo pues enfermé terriblemente. Esto fue de los seis a los siete. Luego viví con la hermana mayor de mi madre, en Boston. Ella era muy devota para conmigo ya que no-tenia niños. En mi relación con  los parientes  fui como una suerte de invitada. Siempre me sentí de ése modo.”

 

Elizabeth Bishop murió en 1979

 

 

El carácter descriptivo de la escritura de Elizabeth Bishop y la tremenda fuerza de las circunstancias evocadas en las dos secuencias que van a leerse,  le dan indiscutible consistencia  al desarrollo dramático en  ambos poemas.

 

En el primero de ellos ( El Pez), Bishop se mueve con maestría, detallando los pormenores posteriores a la pesca, cuando el pez ha sido sacado del agua con la finalidad de hacerlo enfrentar un  hecho irreversible: Su propio asesinato.

 

Como victimaria, Bishop se regodea al relatarnos el estado del pez  . Lo hace de manera pausada, describiendo  las distintas sacudidas de su victima, quien solo puede moverse epilépticamente al encontrarse sometida a la voluntad de  un predador superior.

 

La increíble precisión en el manejo del tiempo, de la circunstancia y del objeto presentado como protagonista, nos muestra a una Elizabeth Bishop ocupada en el trabajo de hacernos ver la cantidad de limitaciones que pueden ser derribadas cuando se  avanza en la utilización del lenguaje escrito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

The Fish

 

 

  I caught a tremendous fish

and held him beside the boat

half out of water, with my hook

fast in a corner of his mouth.

He didn't fight.

He hadn't fought at all.

He hung a grunting weight,

battered and venerable

and homely. Here and there

his brown skin hung in strips

like ancient wallpaper,

and its pattern of darker brown

was like wallpaper:

shapes like full-blown roses

stained and lost through age.

He was speckled and barnacles,

fine rosettes of lime,

and infested

with tiny white sea-lice,

and underneath two or three

rags of green weed hung down.

While his gills were breathing in

the terrible oxygen

--the frightening gills,

fresh and crisp with blood,

that can cut so badly--

I thought of the coarse white flesh

packed in like feathers,

the big bones and the little bones,

the dramatic reds and blacks

of his shiny entrails,

and the pink swim-bladder

like a big peony.

I looked into his eyes

which were far larger than mine

but shallower, and yellowed,

the irises backed and packed

with tarnished tinfoil

seen through the lenses

of old scratched isinglass.

They shifted a little, but not

to return my stare.

--It was more like the tipping

of an object toward the light.

I admired his sullen face,

the mechanism of his jaw,

and then I saw

that from his lower lip

.--if you could call it a lip

grim, wet, and weaponlike,

hung five old pieces of fish-line,

or four and a wire leader

with the swivel still attached,

with all their five big hooks

grown firmly in his mouth.

A green line, frayed at the end

where he broke it, two heavier lines,

and a fine black thread

still crimped from the strain and snap

when it broke and he got away.

Like medals with their ribbons

frayed and wavering,

a five-haired beard of wisdom

trailing from his aching jaw.

I stared and stared

and victory filled up

the little rented boat,

from the pool of bilge

where oil had spread a rainbow

around the rusted engine

to the bailer rusted orange,

the sun-cracked thwarts,

the oarlocks on their strings,

the gunnels--until everything

was rainbow, rainbow, rainbow!

And I let the fish go.

 

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El Pez

 

 

Cacé  un tremendo pez.

y lo sostuve  mitad fuera del agua

al costado del bote,

con mi anzuelo clavado

en una esquina de su boca.

No peleó

No tenía que hacerlo después de todo.

Colgado, gruñía pesadamente.

Espasmódico, venerable

y sin atractivo. Aquí y allá

su piel marrón colgaba en tiras,

al igual que empapelado antiguo.

Y su figura marrón oscura

era como empapelado

con aspecto semejante al de rosas todas rendidas

y descoloridas por el transcurso de las edades.

Era un percebe* salpicado;

fina roseta de lima

e  infestada

con un pequeño  y blanco piojo de mar.

Y debajo dos o tres

retazos de yuyo verde colgando

mientras  sus branquias –las aterrorizadas branquias-

respiraban  el terrible oxígeno,

con sangre fresca y crujiente

que podía cortarlo tan mal.

Pensé en la blanca y  áspera carne

comprimida como plumas.

Los grandes huesos y los pequeños huesos;

los dramáticos rojos y negros

de sus brillantes vísceras

y el rosado  saco membranoso

como una gran peonía.**

Lo miré a los ojos

que estaban  tan grandes como los míos,

pero debilitados y amarillentos...

Los iris apoyados y  empaquetados

con descolorida aleación,

buscaban a través  de las lentes

de vieja micas raspadas.

--Esto se pareció más al titilar

de un objeto cuando refleja la luz.

Admiré  su cara malhumorada;

el mecanismo de su mandíbula.

Y entonces vi

 su pequeño labio.

Podrías llamarlo un labio

rígido, húmedo y parecido a un arma.

Cuatro o cinco piezas viejas

Colgando de la línea de pesca

y un cable guía con el pívot adjunto

a sus cinco grandes ganchos que

crecían firmemente en su boca.

Una línea verde peleando hasta que al final

donde él se quebró en dos líneas pesadas

y un delgado hilo negro

permaneció enredado por el esfuerzo y el chasquido

cuando se quebró para dejarlo escapar.

Como medallas con sus cintas

luchando y moviéndose,

una barba con cinco pelos de  sabiduría

que se arrastraba desde su dolorida mandíbula.

Lo observé y observé.

Y la victoria llenó

el pequeño bote alquilado,

desde la pileta de la sentina

donde el arco iris del  aceite estaba derramado

alrededor del  motor oxidado,

hasta la oxidante carga de naranjas.

El sol atravesaba y partía con sus cuerdas

las horquillas de la borda –Antes que todo

fue el arco iris arcos iris arco iris

Y dejé a los peces ir.

                                                                            

                                   *

 

 

 

 

           Percebe

 

           Peonía **

 

                                 

 

 

 

 

 

 

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A Miracle for Breakfast

  

 

  At six o'clock we were waiting for coffee,

waiting for coffee and the charitable crumb

that was going to be served from a certain balcony

--like kings of old, or like a miracle.

It was still dark. One foot of the sun

steadied itself on a long ripple in the river.

The first ferry of the day had just crossed the river.

It was so cold we hoped that the coffee

would be very hot, seeing that the sun

was not going to warm us; and that the crumb

would be a loaf each, buttered, by a miracle.

At seven a man stepped out on the balcony.

He stood for a minute alone on the balcony

looking over our heads toward the river.

A servant handed him the makings of a miracle,

consisting of one lone cup of coffee

and one roll, which he proceeded to crumb,

his head, so to speak, in the clouds--along with the sun.

Was the man crazy? What under the sun

was he trying to do, up there on his balcony!

Each man received one rather hard crumb,

which some flicked scornfully into the river,

and, in a cup, one drop of the coffee.

Some of us stood around, waiting for the miracle.

I can tell what I saw next; it was not a miracle.

A beautiful villa stood in the sun

and from its doors came the smell of hot coffee.

In front, a baroque white plaster balcony

added by birds, who nest along the river,

--I saw it with one eye close to the crumb--

and galleries and marble chambers. My crumb

my mansion, made for me by a miracle,

through ages, by insects, birds, and the river

working the stone. Every day, in the sun,

at breakfast time I sit on my balcony

with my feet up, and drink gallons of coffee.

We licked up the crumb and swallowed the coffee.

A window across the river caught the sun

as if the miracle were working, on the wrong balcony.

 

 

 

 

 

 

 

 

Un Milagro Para el Desayuno

 

 

A la seis estuvimos esperando por el café;

esperando por el café  y por la caridad de las migajas

que como a los viejos reyes o como un milagro

iban a servirse desde el inevitable balcón.

Estaba aún oscuro. Un pié del sol

se estabilizaba  a sí mismo en la  larga fluctuación  del río

El primer ferry del día había cruzado el río.

Estaba tan frío que confiamos que el café

estuviera bien caliente pues veíamos que el sol

no vendría a calentarnos y que por milagro

las migajas podían ser cada una un pan enmantecado.

A las siete un hombre salió al balcón

Permaneció por solo un minuto en el balcón

mirando hacia el río por sobre nuestras cabezas.

Un sirviente le manejo la realización de un milagro

consistente en una sola taza de café y un panecillo

al que empezó a desmenuzar;

su cabeza, por así decirlo, en las nubes, acompañando al sol.

¿Estaba loco? ¡ Qué trataba de hacer

 allá arriba, en su balcón, debajo del sol!

Otro hombre recibió otro poco de las duras migajas

las que golpearon desdeñosamente el interior del río

y , en una copa, cayó una gota de café.

Algunos de nosotros permanecimos en los alrededores, esperando por el milagro.

Puedo decirte que lo próximo que vi no fue un milagro.

Una hermosa villa permanecía al sol

y de sus puertas venía el olor del café caliente.

Enfrente, un blanco balcón barroco de yeso

con pájaros adicionados, que anidaban a lo largo del río,

--Los vi con un ojo cerrado por las migajas –

y las cámaras de mármol  y las galerías. Mi migaja,

mi mansión,  a través de las edades,

hecha para mí por un milagro;  por insectos, pájaros y por el río

al trabajar en las piedras. Todos los días, en el sol,

hacia el desayuno me siento en mi balcón

con los pies arriba, y bebo litros de café

Lamemos las migas y tragamos el café.

Al otro lado del río una ventana atrapa el sol

como si el milagro se hubiese conseguido en el balcón equivocado.

 

 

 

 

 

 Elizabeth Bishop

 

 

 

    Traducción y Comentarios: Raúl Racedo