LA FRONTERA

 

 

Detrás de las palabras no está el silencio

Ni hay visiones blancas

Que me hablen de tu bandera

De tus colores de fuego

De tus fragancias de rosas

Ni de tus pétalos escarlata que danzan.

Pero ahora salgo

La existencia ya no es evidencia de vida

Y no voy a gritar por temor a despertarte

Porque más allá del horror está la nada

Y el vacío de dormir plenamente ya no es un consuelo.

No voy a mirar el horizonte

Porque no me gusta el futuro

Por eso ocultaré mis manos en la nieve

Antes que descubras que existo

/ y debas matarme

Entonces corro

Pero ya es muy tarde…

 

 

BABEL

 

 

Vamos

Consume todas mis emociones

Mis deseos de turba desenfrenada

Y mis ansias de revuelta.

Ya no importa que hayan destrozado

/ mi ciudad

Sólo quiero abrazarte

Pues aún queda mi casa confusa

/ pero libre

En la que sólo entenderé tus palabras

…y las del infinito.

En mi calle las rosas se deslizan

El viento aún arrastra la hojarasca de este otoño

Sus pétalos encendidos

Y tus fragancias púrpuras.

Vamos

Trae tus cenizas de septiembre

Los sonidos de tus vientos preferidos

El clamor de nuestras lenguas desdeñadas

Que aún permanecen estas torres

/ las de la expoliación, la locura y la muerte…

Y las texturas de nuestra voz

/ donde vino y sangre se funden.

Y tal vez sea hoy…

…la última vez…

Toma mis brazos rotos

Y enséñame que el dolor no existe.

 

 

CRISTALES DE INVIERNO

 

 

Niebla gélida,

Desciende en los cristales

De alba oscuridad.

Nieve de tormentos

Refugio del olvido

En tus partículas hibernaré

Hasta que Venus despierte

Y tus destellos descubran vida.

He de penetrar en tus cavernas

Olvidar que existo

Mientras pienso que no he muerto.

Vítreo deseo de alcanzar

Las campanas de invierno

Y tus glaciales ansias de gritar...

La melodía celestial de la aurora.

El frío me acompaña

Bien sabes que aún existe el infierno

Por eso persigues el gélido rocío

Pero el camino no existe

Las campanas brillan

El hielo se eleva…

Sonríe mientras puedas.

Y no hay terror metastásico

que pueda sublimar este ensueño,

ni siquiera los arcángeles de este infierno

/ que ha destrozado nuestras piernas...

Y no habrá dolor llevadero

cuando el viento colapse,

pues cuando el empíreo sea un mito despreciable

que todos desprecien

ya no quedará nada.

Nunca quedará nada.

Los arcángeles de nuestras utopías

se olvidaron de volar.

Y no hay laberinto eterno que revele escape posible

ni nada que no nos despoje de la nostalgia

/ de seguir vivos.

Como demiurgos acorralados

/ que intentan escapar

cuando el goce celestial

/ de la razón se apaga.

En el desierto

los espejismos nos atrapan.

Y no hay universo inmenso que alcance

/ a aplacar nuestra locura.

Subsumidos en el espanto

de tener que naufragar

interminablemente...

sin más rutas a Utopía,

sin caminos a Arcadia,

ni travesías al edén

que libere nuestras almas.

E iniciar el infame ritual

de tener que negarlo todo

/ cuando la vida se incendia.

En el horizonte

aún persisten

/ los fulgores de este invierno.

Pero sus destellos ya no dirán nada

y la senda del vacío tampoco dirá nada...

...nunca dirán nada.

 

 

 

PARAJE DESOLACIÓN

 

 

Al soñar se crean nimbos,

y con el retorno a la realidad

nos preguntamos... si esto es real,

o son los sueños

/ los que nos sitúan

/ en el vórtice oscuro

/ de nuestros delirios,

infectados de pravedad y de sadismo,

para resistir y no morir

cuando los espejismos

/ del horror atacan.

Al soñar se crean nimbos

y no hay emoción eterna

que nos rescate de todo abismo posible.

De tener que despertar,

al centellear el alba,

y perderlo todo.

Enfrentados al horror de no poder soñar,

en este estadio de muerte,

en el que el vacío y el dolor acechan.

Esta tercera caída ha hecho

/ emerger nuestros abismos

y no hay ilusión eterna

que nos redima de nuestros miedos.

Por eso le arrebato el frío a este invierno.

Para que sobrevivamos los dos

y no estés triste.

Para que perseveres conmigo

y no me dejes...

en esta estación de horror...

...Condenados a la oscuridad

/ de aún tener que creer

cuando todo se derrumba.

 

 

 

MAL DE AURORA

 

 

Qué impotencia cuando vibras

/ en el vacío de la inocencia

y yo deseo llegar a tu cuerpo para tocarlo

y todo se derrumba.

Qué indefensión cuando describes

en tu canto de sirena

/ mis arrebatos bárbaros,

y no puedo resurgir del mar

para escucharte.

Sin embargo vuelvo...

Me detengo en el cielo

para contemplar el brillo de tus ojos claros.

Encendiendo las estrellas

para iluminar tu sueños desde el horizonte...

Pero qué desolación

cuando susurras dulcemente,

que deberás matarme

para sobrevivir

en el Olimpo frágil de tus piadosos sueños.

Por eso engullo mi corazón oscuro,

para que no lo rompas

y duela menos.

Mientras nos alejamos del mar...

...engrilletándonos... para no escapar...

como dos universos ardiendo...

/ condenados a estallar

/ ante tanta ausencia.

Y nunca preguntarás por qué tus resplandores

se han perdido entre mis sombras.

Por qué la fría bruma no detiene nuestro incendio.

Y cuando la aurora ya no acoja

nuestros ritos celestiales,

no nos quedará nada.

Por eso te envío mis cristales de invierno

Para que puedas tocarme y no me mates,

Para que no me ultimes,

cuando mis ansias de conmiseración colapsen.

Pero despertar en el viento no garantiza nada

Y poder tocarte tampoco garantiza nada

Sólo queda este corazón oscuro y turbio

Que se resiste a aceptar que el norte no existe,

Que el cenit no existe.

Que el horizonte ya no existe

Que ni siquiera el estupor existe

 

 

 

(c) RAFAEL OJEDA

 


 Poemas tomados de la publicación "Circulo de Fuego N° 5 ",

del Movimiento Amaro -Lima- Peru al cual agradecemos